Vaticano devuelve 62 objetos sagrados robados a pueblos indígenas de Canadá después de más de un siglo
Tras más de cien años en museos y bóvedas del Vaticano, 62 objetos de gran valor cultural y espiritual pertenecientes a las Primeras Naciones, Inuit y Métis de Canadá fueron finalmente repatriados. Las piezas, que habían sido robadas por misioneros católicos, fueron entregadas oficialmente como parte de un proceso iniciado hace tres años y respaldado por el papa Francisco antes de su muerte.
Natan Obed, presidente de Inuit, señaló que este será un momento clave para la recuperación de la memoria colectiva:
“Esperamos desempacar los objetos en los próximos días y que el liderazgo inuit y los expertos inuit comprendan exactamente de dónde provienen y compartan ese conocimiento con los inuit canadienses y con Canadá en su conjunto”, afirmó.
El papa Francisco había prometido su devolución como parte de su disculpa por los abusos cometidos por la Iglesia durante la época de las misiones y los internados. Sin embargo, su fallecimiento dejó la decisión final en manos del papa León XIV, quien confirmó y ejecutó el compromiso. La entrega fue celebrada por líderes indígenas como un gesto histórico que abre un nuevo capítulo en la relación entre las comunidades y la Iglesia.
Cindy Woodhouse Nepinak, jefa nacional de las Primeras Naciones, calificó la repatriación como un episodio profundamente simbólico: un acto que permite continuar, preservar y revitalizar prácticas culturales que por décadas fueron reprimidas.
Entre los objetos devueltos destaca un kayak inuvialuit de piel de foca del Ártico occidental, exhibido originalmente en la Exposición de Misiones del Vaticano de 1925. Tras su llegada a Canadá, las piezas serán examinadas en el Museo Canadiense de Historia, en Gatineau, Quebec, antes de definir su destino final dentro de las comunidades.
Por años, el Vaticano afirmó que los objetos habían sido obsequios al papa Pío XI, pero los pueblos indígenas han cuestionado esa versión, recordando que la llegada de las misiones significó la prohibición de prácticas culturales y la imposición de internados religiosos donde se generaron graves abusos. En ese contexto —afirman— las piezas fueron tomadas sin consentimiento.
Este acto de repatriación se suma a una tendencia global en la que museos e instituciones de todo el mundo han comenzado a devolver objetos adquiridos mediante saqueos, coerción o prácticas éticamente cuestionables.
